Negro de hoz

Pablo Pastor (Libro de Arevalillo 2002)
(Colaboración de Jose Melchor García González )
Habíase un criado trabajando la cosecha,
pasando el molino viejo
llegando a la Hortaleza.
Avistó el joven en la lejanía gran polvareda
y subiose camino de la dehesa
esperando una respuesta.
A la par que caminaba,
una angustia le reclamaba
por saber lo que llevaba
aquella nube blanca.
Y con el correr y el duro sol
grandes sudores sufrió,
que tuvo que refrescar en la fuente del camino,
junto al junco verde de frescura y de sol.
Llegó a la Nava fatigado
y asustole lo que vio.
Una batalla se libraba entre un toro y el viejo amo del joven mozo.
El toro,
negro,
ojos desencajados en la terrible persecución,
con dos terribles leznas persiguiendo al labrador.
El viejo,
pálido,
empapado en su sudor,
malherido por el golpe que la bestia le asestó.
Prendose el mozo del calor que le otorgaba la juventud
y presto quite al señor,
que tras un quiebro -cual liebre engatada a la zorra da-
rodó por el suelo y gateando a una encina trepó.
El mozo,
joven,
más ágil que el toro y armado de valor,
con soberbia maestría a salvo se deslizó.
Se contaba por el pueblo
que el toro negro de Montalvo
persiguió al amo, de avaricia corrompido
cual justiciero Señor de Negro y Hoz.
El viejo,
que no reconoció su salvación,
una terrible y oculta enfermedad encontró
y no pasó mucho tiempo
y el hombre murió.
El joven criado que el amo compró
-huerta, encinar, una yunta y el palomar heredó-
y vida santa en el pueblo de Arevalillo llevó.
Trabajando el trabajador al pueblo amó
y el Negro de Hoz de su casa desapareció.


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Versión 4.0 - 19/07/2020
Actualiz.: 28/07/2020
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